Calidad del vino: Depósitos pequeños

Las bodegas pequeñas que han surgido como respuesta a la necesidad de obtener vinos “únicos y personales” a partir de un cultivo muy tradicional que sacrifica cantidades en beneficio de una uva con parámetros óptimos, han tenido muy presente las producciones que obtienen de sus viñedos y el tipo de vino que desean elaborar, a la hora de planificar y estructurar la composición de la bodega; la mayoría de estas bodegas, utilizan depósitos pequeños que garantizan la calidad del vino en su producción y elaboración.

El motivo principal de utilizar depósitos pequeños, (la mayoría de las veces va a coincidir con el nº de partida o lote que sacan al mercado), es porque sólo teniendo el depósito lleno de vino, este mantendrá todas las cualidades organolépticas y físicas que habíamos buscado ya en las uvas de las que se ha obtenido.

Javier Ayerra me comentaba que por supuesto hay alguna técnica que te permite ir tomando cantidades de vino y dejar el depósito de vino a medio llenar (uso de nitrógeno); pero esto lo puedes hacer cuando el tiempo del vino en contacto con el nitrógeno vaya a ser mínimo, y aún así no lo aconseja, porque: ” estás utilizando un elemento que se aleja de mi forma tradicional de elaborar un vino, lo más natural y respetuosa posible y cuanto menos se manipule y se añada mejor“.

Javier es muy visual y explica de manera clara y fácil por qué es esencial que el depósito esté lleno:

“Cuando abres una botella de vino, y queda la mitad, intentas sellarla lo mejor posible para que mantenga sus cualidades lo más parecido posible a recién abierta y la dejas en ambiente frío y seco que ayuda a su conservación; sin embargo, a los dos días ya no es el mismo vino que bebiste y menos aún al tercer día; el vino que queda en botella pierde mucha de sus “bondades” debido a la presencia de gran cantidad de aire (oxígeno) en la botella que comienza a alterar su composición. Esto mismo ocurre con los depósitos: cuando sacas parte del vino de un depósito, su volúmen queda ocupado por aire, que en contacto con el resto del vino del depósito provoca reacciones que alteran todos los parámetros del mismo, llegando a “picarlo” en un corto período de tiempo.

Las pequeñas bodegas, muy pendientes de toda alteración que puede perjudicar la calidad del vino obtenido de uvas óptimas, prefieren invertir en depósitos pequeños, de 100l 200l, (estas capacidades tan pequeñas, generalmente para probar nuevas elaboraciones y ver resultados), 1.000, 2.000, 3.000 hasta 5.000 l. para luego poder jugar con las cantidades que se dedican a crianza o bien con las cantidades que van sacando por partidas para embotellar.

Depósitos pequeños: Sí, siempre para bodegas pequeñas que elaboran partidas pequeñas de vinos muy cuidados desde la viña hasta el embotellado.